Crisis alimentaria y biocombustibles

No había tenido ocasión de comentar hasta ahora la buena impresión que me causaron las mesas redondas celebradas en el marco de la Conferencia “La crisis alimentaria: problemas y posibles soluciones”, organizadas por la CEF del PSOE el pasado 26 de junio en el Círculo de Bellas Artes con la participación de expertos internacionales en el tema.

 

Hubo un tiempo a finales del pasado siglo en el que vivimos una especie de milenarismo en positivo: todo eran nuevos retos, nuevas metas, nuevos desafíos a los que la izquierda debía enfrentarse con nuevas armas, nuevas estrategias, nuevas fórmulas. Todo muy nuevo como correspondía a nuestro deseo de estrenar milenio y siglo bien aseaditos y limpios.

 

Siempre me asaltaba la misma inquietud al respecto: con millones de seres humanos muriéndose de hambre, con prácticas de explotación que acumulaban siglos de existencia, con enfermedades y pandemias en todo el planeta, con injusticias sangrantes desde hacia milenios ¿quién necesitaba de nuevos retos? ¿qué metas podían ser más estimulantes que los viejos anhelos de la humanidad de acabar con el hambre, la guerra, la explotación, la miseria?. Con estos compañeros de viaje en nuestra historia ¿por qué ese ejercicio de imaginación buscando “nuevos problemas”, importantes sin duda pero menos acuciantes, menos dolorosos, menos sangrantes?

 

Volviendo a la Conferencia organizada por el PSOE tuve ocasión de asistir a la mesa redonda organizada sobre biocombustibles y cambio climático. Ya he dejado dicho en este blog que la primera vez que oí hablar de este tema fue en Cuba hace un año. Ahora el tema está de actualidad. Ya pasados algunos años del nuevo milenio hemos redescubierto que nos siguen acompañando en nuestro viaje el hambre, las guerras, la pobreza, la injusticia. Y volvemos a entender que vivimos en un sistema económico demencial que está lejos de orientarse a su solución si no tomamos enérgicas medidas de carácter global.

 

Jean Ziegler, comisionado especial del Derecho de Nutrición en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, comentó en el Círculo de Bellas Artes que llenar el depósito de un vehículo que funcione con bioetanol supone dedicar a ese gasto energético 380 kilos de maíz, la misma cantidad que serviría para alimentar a un niño mexicano durante un año. Con este dato incontestable Ziegler defendía la necesidad de establecer una moratoria de 5 años sobre los biocombustibles y el biodiesel, de forma que se dé tiempo a la ciencia para investigar sobre biocombustibles de segunda generación. Una reflexión muy interesante a mi juicio que supone poner por encima de cualquier consideración el derecho de cualquier ser humano a no pasar hambre, a no morir de inanición en un mundo devorador de energía a cualquier precio.

 

Otro dato que pude escuchar en la mesa redonda sobre biocombustibles: 8 empresas multinacionales controlan el 80% del mercado de trigo del mundo. Una sóla de estas empresas controla el 27%. Todo un oligopolio que entiende las leyes del mercado sólo cuando se trata de determinar márgenes de beneficio porque lo de la competencia se presenta bastante más complicado con esos niveles de concentración mundial. Curiosidades del capitalismo global.

 

 

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