Fascinado por la historia de Lilith, reina de los demonios, finalizo la lectura de “La serpiente vencida. Sobre los orígenes de la misoginia en lo sobrenatural”, un estudio de arqueología cultural que indaga sobre las razones de la milenaria vinculación de la mujer al mal, bien como causante directa del mismo o como vehículo necesario (los casos de la Pandora griega o la Eva bíblica son ilustrativos) de que éste nos aflija y persiga desde la noche los tiempos.
“Lilith representaba el eros perverso y era la personificación de los peligros que entraña el atractivo femenino (…) Se cuerpo desnudo y deseable se presenta armado de garras con las que atrapa a sus presas masculinas convirtiéndose en una imagen fascinante y a la vez peligrosa. (…) A partir de esta imagen se construirá una leyenda que la convertirá en un monstruo originario enemigo también de recién nacidos y parturientas, ya que la sexualidad incontrolada se opone a la normalidad familiar y a la legítima descendencia.”
Antes de convertirse en la reina de los demonios Lilith fue la primera mujer de Adán, anterior a Eva según el alfabeto de Ben Sira. Adán la consideraba una animal más del Paraiso puesto a su disposición por el dios creador y esto provocó la rebelión de Lilith que para escapar del Eden tuvo que burlar a su guardián y engañar al propio Yahweh logrando que éste le revelara su nombre sagrado.
Si me ha fascinado la historia de Lilith es porque, de alguna forma, condensa en un momento determinado de nuestra historia como civilización toda una tradición de miedos e intentos patriarcales por asumir definitivamente una posición dominante y de privilegio exclusivo.
El capítulo dedicado al judaísmo es seguramente el que más me ha impresionado del libro, quizá porque era el tema que más desconocía. Sin embargo el estudio arranca con las primeras representaciones femeninas del arte prehistórico para llegar al cristianismo primitivo pasando por las civilizaciones mesopotámicas del III milenio o las aportaciones de griegos, romanos y egipcios en el ámbito mediterráneo.
Entre los valores del texto destacan los sólidos puentes que establece entre la evolución de la imagen de la mujer y su vinculación al mal con la evolución económica, material y social de las sociedades, con la revolución neolítica como posible punto de inflexión en la configuración de una civilización patriarcal basada en la subordinación de la mitad de humanidad, la consagración de propiedad privada y la acumulación de excedentes y la generalización de la violencia como instrumento de control social
Creo haber leído en algún texto de Engels la tesis de que el nacimiento de las desigualdades sociales y la discriminación de las mujeres es simultánea en el tiempo histórico.
En cualquier caso, todos estos temas son tan apasionantes como complejos de analizar y aún más de ser objeto de conclusiones definitivas. Pero “La serpiente vencida” es un esclarecedor relato por muchas de estas hipótesis y una amena lectura para quien esté interesado en conocer el origen de muchas de nuestras construcciones culturales, entre ellas la milenaria vinculación de la mujer al mal que se ha ido reencarnando en diversas imágenes: Eva, Pandora, Hécate, Lilith… hasta llegar a la Gilda cinematográfica por señalar un icono moderno.
Para todos los interesados el libro se puede encontrar el la Librería de Mujeres. Yo lo encontré buscando entre la estanterías de este establecimiento, animado por la invitación de una de sus propietarias de encontrar “algún tesoro” entre los anaqueles. Encontré “La serpiente vencida”: un verdadero tesoro en la isla de igualdad que representa la Librería de Mujeres.

Lilith, reina de los demonios
Asistí ayer a la rompida de la hora en 












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