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Zapatero invierte en el distrito Centro


Ahora que consumimos gran parte de nuestro tiempo hablando de recortes a inversiones, tijeretazos y demás medidas de ajuste, me gustaría reivindicar el valor que tiene, en este contexto, aquello que no se recorta. Las inversiones que se mantienen porque forman parte de una forma de entender la política y la gestión pública. El otro día, paseando por mi barrio, me encontré en la calle de la Cabeza con el cartel que anuncia la rehabilitación de un edificio para crear un Centro de Atención a Mayores con cargo al Fondo Estatal de Inversión Local de 2010.

En el distrito Centro este esfuerzo inversor del Gobierno de España permitirá crear otro Centro de Mayores en la calle 2 amigos y una Escuela Infantil en la calle Olivar (será la única escuela infantil pública del barrio y la cuarta del distrito), entre otras actuaciones que incluyen el fin del largo proceso de remodelación del Centro Cultural Conde Duque.

Poner en valor dónde sigue manteniéndose el esfuerzo inversor es otra forma de ver las cosas. Otra perspectiva. Habrá quien prefiera recortar en educación o atención a mayores en los barrios y mantener proyectos de crear kilómetros de autovía o AVE. Puestos a apretarse el cinturón yo prefiero que los recursos se dediquen a estos proyectos que el Gobierno de Zapatero permite acometer en mi barrio, como en miles de barrios de toda España.

Para mi tiene un extraordinario valor poder decir que, en medio de la situación económica más complicada de las últimas décadas, el gobierno de mi país, el gobierno de Zapatero, dedica recursos a construir un Centro de Mayores y una Escuela Infantil  en mi barrio.

La nueva cocina de Zapatero frente a las recetas del abuelo Reagan

Creo que fue Ronald Reagan el que sentenció que el gobierno era el problema y no la solución. No hablaba, claro, de un gobierno en particular sino de los gobiernos en general. De la afirmación se extraían conclusiones tan claras como la exigencia de reducir el gasto público y bajar los impuestos como receta para superar cualquier problema y poner rumbo hacia una economía próspera y autorregulada, con vocación de crecimiento indefinido, liberadas las fuerzas del mercado de los corsés del intervencionismo estatal.

De aquello hace 30 años y lo pasmoso es que, a pesar de las muchas precipitaciones registradas por los pluviómetros de la historia y las ciencias económicas y políticas, el Partido Popular ha decidido atrincherarse en la discusión de hace tres décadas y hacer como que aquí no ha pasado nada.

Los dogmas y axiomas asentados es lo que tienen: permiten oscurecer los debates, evitar el trabajo de reanalizar permanentemente la realidad para dar alternativas ajustadas a los problemas contemporáneos. Dónde va a parar: mucho mejor la vieja colección de recetas de la abuela y tirar del vademécum neocon que ponerse a pensar en términos de un siglo XXI que está atravesando una crisis inédita y de características novedosas.

La ventaja de las viejas recetas es que permiten además hacer buenos titulares, con pocas palabras, y contribuyen como nada a generar ruido y ocultar lo esencial para poner en primer plano lo accesorio.

Todo esto viene a cuento de la polémica un tanto artificial y desmesurada sobre los impuestos. Creo que, a estas alturas, afirmar que una bajada generalizada de impuestos provoca automáticamente una mejoría económica inmediata es una afirmación bastante aventurada. De la misma forma que también es falso, seguramente, el binomio que afirma que bajar los impuestos es de derechas y subir los impuestos a los ricos es de izquierdas.

No sé, parecen simplificaciones bastante groseras en ambos casos. Dependerá de qué impuestos, en qué condiciones, con qué objetivos.

En fin, que lo más lógico es entender el sistema fiscal en su conjunto como una herramienta compleja que permite orientar nuestro modelo económico en un sentido u otro. De forma que a distintos objetivos corresponderán distintos ajustes de unos u otros impuestos teniendo en cuenta el conjunto del sistema y no seleccionando cada uno de los tributos aplicándoles viejos dogmas y axiomas.

Por eso considero importante escuchar los objetivos que está definiendo el presidente Zapatero antes de meternos en un debate absurdo y simplista sobre la subida o bajada de impuestos. Parece que el Gobierno Zapatero está intentando introducir el debate sobre el necesario cambio de nuestro modelo productivo, de forma que superemos un sistema de crecimiento basado en las burbujas financieras, inmobiliarias etc. para dar los primeros pasos en la dirección de una economía más equilibrada y sostenible, con capacidad de generar un crecimiento sólido y asentado en cimientos seguros y con mecanismos de distribución de riqueza que profundicen en la cohesión social. Los retoques que haya que dar en el sistema fiscal deberían tener en cuenta esos objetivos, de forma que lo más sensato es pensar que habrá que bajar algunos impuestos y subir otros. Algunos podrían desaparecer y, sin embargo, es posible que asistamos en los próximos años a la aparición de otros nuevos relacionados con la protección del medio ambiente, por ejemplo.

Y parece lógico que estos cambios se hagan respetando el espíritu de progresividad que aconseja que aporten más los que más tienen, los que más se benefician de las oportunidades que les ofrece nuestra sociedad.

El debate sobre los impuestos podría ser sosegado y sensato porque todos los intereses son legítimos. Entiendo que el PP,  y en general las fuerzas de la derecha política, defiendan los intereses de aquellos que quieren seguir ganando más y acumulando riqueza minimizando el trago de pasar por el fielato de la Hacienda. Es legítima la posición de las fuerzas de izquierdas que defienden los intereses de todos aquellos que viven exclusivamente de su trabajo y que pretenden que se refuercen los sistemas de protección social y que la aportación vía impuestos se haga de acuerdo a los niveles de riqueza de cada uno de los que contribuimos. Son legítimas, finalmente, las posiciones de aquellas fuerzas que defienden los intereses de determinados territorios o Comunidades Autónomas. La enorme ventaja de un sistema parlamentario y democrático es que establece los marcos de debate, discusión y conciliación necesarios de todas estas posiciones e intereses y del resultado de los debates saldrá algo muy cercano a lo más conveniente al interés general o, al menos, a la voluntad mayoritaria de los ciudadanos.

Pero debería haber espacio para el acuerdo. Sobre todo si tenemos en cuenta que el cambio de modelo económico no es un capricho del Gobierno de España ni una política voluntarista sino la inexcusable respuesta a una crisis que ha descubierto los límites evidentes del anterior modelo. De forma que incluso aquellos que únicamente aspiran a ganar más en el más corto período de tiempo, siendo éste el objetivo central de su actividad, pueden compartir la necesidad de avanzar hacia un nuevo modelo productivo sin el que será difícil mantener la competitividad de nuestra economía y empezará a ser irrelevante su preocupación por los impuestos en una economía con cada vez menos posibilidades de crecimiento y menos oportunidades de competir en el mundo global.

Lo que pretendo explicar es que lo importante es el objetivo final, aquello que el Gobierno está esforzándose por entrar a debatir. Y la reforma del sistema fiscal es sólo un instrumento que debe ajustarse al objetivo central de construir, entre todos y llegando a acuerdos, un nuevo modelo económico con visos de futuro y que permita una rápida recuperación.

En definitiva, lo que pretendo trasladar es mi perplejidad de haber asistido ayer en el Parlamento a un debate un tanto absurdo entre la nueva cocina de Zapatero y el viejo recetario de Reagan. Estoy dispuesto a discutir hasta que grado el Gobierno de Zapatero utiliza la experimentación y la innovación en la preparación del menú de salida de la crisis. A cambio ¿es mucho pedir que la derecha española deje a un lado las viejas recetas reaganianas y se atreva a proponer algo con sabores de este siglo?

¿Me sorprenderá Rajoy?

A estas alturas de la tarde ya tengo claro que el gobierno de España ha puesto rumbo a la salida de  la crisis. España tiene una estrategia coordinada con las principales economías del mundo, Zapatero acaba de anunciar una nueva batería de herramientas para establecer las bases de un nuevo modelo de crecimiento y como país disponemos de un jefe de Gobierno dialogante y dispuesto a la concertación y la suma de esfuerzos.

Nada de esto me sorprende y me gusta especialmente la vía elegida para superar la crisis: el camino de la cohesión social, el crecimiento equilibrado y sostenible basado en la innovación y la modernización de nuestro tejido económico.

Pero quien quiero que me sorprenda esta tarde es el señor Rajoy. Hasta el momento el portavoz de la derecha no parece tener clara una estrategia ni ha dejado claros los instrumentos con los que combatiría la crisis (intuimos apuestas alarmantes hacia el abaratamiento del despido, el recorte de las políticas sociales y la restauración del ladrillo en el trono de la economía española).

Pero no todo está perdido. ¿Es posible que Rajoy me sorprenda y decida esta tarde que ya vale de comportarse como un ratero de votos al albur de la crisis para animarse a arrimar el hombro y colaborar en la recuperación de la senda del crecimiento?

Mitin fiesta en Vistalegre

vistalegre

7 de junio: los europeos también podemos

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Estoy gratamente sorprendido por las primeras semanas de gobierno de la administración Obama, especialmente después de que su gira europea nos haya permitido visualizar algunas propuestas que suponen un auténtico giro en la política de Estados Unidos y permiten abrigar la esperanza de que es posible construir un mundo más justo, más democrático, más multipolar y que fije como prioridades aquellas cosas que importan de verdad: la lucha contra el hambre, por la paz y por la preservación de nuestro medio ambiente.

 

Hablo de la nueva política hacia Cuba, hacia el mundo árabe, de la apuesta por una nueva arquitectura de las relaciones internacionales en la que se opta por un liderazgo compartido con el concurso de los países emergentes y en vías de desarrollo en el proceso de toma de decisiones.

 

Hablo de la voluntad de avanzar hacia un gobierno compartido sobre la economía global cuyos primeros pasos se han dado en estos días, de la decisión de apoyar el proyecto de la Alianza de Civilizaciones.

 

Y hablo sobre todo de la decisión política asumida por Obama de llegar a un mundo sin armas nucleares. Es un viejo sueño que tenemos que hacer realidad. La última vez que un líder mundial habló de forma tan clara y decidida sobre este objetivo fue en 1986. Entonces Mijail Gorbachov, presidente de la Unión Soviética, asombró al mundo con su iniciativa de eliminar los arsenales nucleares para el año 2000. Entonces no fue posible. Corrían otros tiempos. El complejo militar-industrial estadounidense y el colapso de la URSS impidió avanzar en ese camino.

 

En realidad, desde los tiempos de la Perestroika, ningún líder mundial había despertado tantas esperanzas, ilusiones y movilizado una voluntad de cambio como Barack Obama.

 

La diferencia es que, ahora es posible ganar esta batalla por la paz. Barack Obama es el resultado de un potente movimiento progresista en Estados Unidos que se ha ido articulando en los últimos años y lo ha catapultado a la presidencia de su país. El mundo que se encuentra es muy distinto al de 1985.

 

La actual crisis económica ha mostrado las limitaciones del actual sistema económico y, por más que les pese a algunos, volver a atrás es ya imposible. La recuperación económica no nos colocará en la situación anterior: Son precisos cambios estructurales en el sistema para salir de esta crisis.

 

Es posible y necesario construir una alianza de fuerzas de progreso a nivel mundial que sea capaz de dirigir los inevitables cambios y hacernos avanzar hacia un mundo más próspero, más justo y solidario. El pueblo de Estados Unidos ha demostrado que se puede avanzar hacia ese nuevo mundo. No es el único: antes lo habían hecho los pueblos latinoamericanos apostando, según las peculiaridades de cada país, por nuevas formas de hacer política y de fijar las prioridades de los gobiernos.

 

El próximo 7 de junio los europeos nos enfrentaremos a una decisión similar. El nuevo mundo que está naciendo precisa una Europa fuerte y progresista, alineada con las fuerzas trasnformadoras de todo el mundo. Una Europa dispuesta también a compartir el protagonismo en el gobierno mundial de la globalización y dispuesta a asumir sus responsabilidades ante el mismo.

 

Por eso son importantes las próximas elecciones europeas: necesitamos una mayoría progresista en el Parlamento Europea que lance un potente mensaje al mundo de que los europeos también estamos dispuestos a construir un mundo mejor. Y, como los estadounidenses, podemos hacerlo.

 

Hace unos meses celebramos en la Agrupación Socialista de Distrito Centro una fiesta por la victoria electoral de Obama, en la que contamos con representantes del Partido Demócrata en España. El cartel que para la ocasión preparó el compañero Marco Carrasco y que encabeza estas líneas resultó premonitorio. En pocas semanas podremos celebrar la victoria de los socialistas en el Parlamento Europeo que le dará dimensión continental al lema de aquel cartel: “Juntos, para combatir las desigualdades”.

Celebremos la América luminosa de Walt Whitman

 

 

walt-whitmanLa Agrupación Socialista de Distrito Centro celebra este viernes, 14 de noviembre a partir de las 20:00 horas, una fiesta para celebrar el reciente triunfo de Barack Obama en las elecciones estadounidenses bajo el lema “Juntos para luchar contra las desigualdades”.

 

Me parece una buena idea y una buena excusa para juntarnos todos aquellos que asistimos con ilusión y esperanza a un posible cambio de rumbo en la principal potencia del planeta. De momento parece que Obama es sólo la punta del iceberg de una impresionante movilización ciudadana que en estos años ha despertado en los Estados Unidos, uniéndose en torno a objetivos muy concretos. La histórica participación en la jornada electoral apunta a ese mar de fondo que ha impulsado a Obama hasta la presidencia de los EE.UU.

 

Me gusta este presidente que representa unos Estados Unidos más modernos, más abiertos al mundo, más comprometidos con los grandes desafíos que la humanidad tiene por delante: la paz, la convivencia pacífica entre los pueblos y la lucha contra el cambio climático. Me gusta este presidente que conecta tan directamente con esa América luminosa de Walt Whitman.

 

Con estrépitos de músicas vengo,
con cornetas y tambores.
Mis marchas no suenan solo para los victoriosos,
sino para los derrotados y los muertos también.
Todos dicen: es glorioso ganar una batalla.
Pues yo digo que es tan glorioso perderla.
¡Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan!
¡Hurra por los muertos!
Dejadme soplar en las trompas, recio y alegre, por ellos.
¡Hurra por los que cayeron,
por los barcos que se hundieron en la mar,
y por los que perecieron ahogados!
¡Hurra por los generales que perdieron el combate y por todos los héroes
                vencidos!
Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes más
                 grandes de la Historia.

 

(Walt Whitman)

 

En la red hay una iniciativa impulsada por Mundo en Acción que está recogiendo los mensajes que los habitantes del planeta queremos hacer llegar al nuevo presidente de Estados Unidos. Yo ya he dejado el mío, pecando quizá de una ingenuidad a la que da alas la esperanza de que un mundo mejor es posible: Señor Obama, acabe con el injusto bloqueo a Cuba. Es la hora del diálogo y la política.

 

Voces desde hace largo tiempo
enmudecidas me recorren,
voces de interminables generaciones
de cautivos y de esclavos,
voces de enfermos y desahuciados,
de ladrones y de enanos,
voces de ciclos de gestación
y de crecimiento,
y de los hilos que conectan las estrellas,
y de los úteros y de la savia paterna,
y de los derechos de los pisoteados,
de los deformes, vulgares, simples,
tontos, desdeñados,
niebla en el aire, escarabajos que
empujan bolitas de estiércol.

 

(Walt Whitman)

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El PP miente (mucho) pero respirar, respiramos

 

El Partido Popular de Madrid ha dado la consigna a sus cargos y militantes de salir a la calle para explicarnos a los ciudadanos por qué el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero asfixia a los madrileños. Espero encontrármelos pronto (aunque lo cierto es que nunca los he visto por Lavapiés) para comentarles que el único problema respiratorio que tengo tiene como causa los niveles de contaminación que sufre Madrid ante la indiferencia de los responsables municipales.

 

 

Más allá de la metáfora me interesa que me aclaren cómo puede hablarse de asfixia cuando la media de inversión pública de los gobiernos de Zapatero (2004-2009) en Madrid se sitúa en los 2.500 millones de euros por año frente a los 2.300 millones de euros de media de los gobiernos del PP entre 1996 y 2004.

 

 

¿Qué tipo de discriminación puede deducirse de unos presupuestos generales que contemplan aumentos del 14% en inversión en las carreteras madrileñas, un 49,8% en ferrocarriles, un 27,9% más en ciencia e investigación y un 25% más en Cultura? Es cierto que otras partidas bajan (aeropuertos fundamentalmente) pero el resultado final nos deja en la media del resto de las Comunidades Autónomas.

 

 

Por otra parte, parece que las Nuevas Generaciones han lanzado una curiosa campaña sobre la supuesta “invisibilidad” de los madrileños a los ojos de Zapatero. Supongo que no se referirán a los más de 400.000 trabajadores de las administraciones públicas a los que no se les congelará el salario (esa receta anticrisis a la que tan rápido recurría el PP), ni a los más de 200.000 perceptores de pensiones mínimas que verán aumentar sus pensiones por encima del IPC, ni a las personas dependientes que recibirán 98 millones de euros si el gobierno de Aguirre deja de bloquear la aplicación de la Ley de Dependencia. No se referirán tampoco a las casi 60.000 familias que recibirán ayudas de 2.500 euros por el nacimiento o adopción de sus hijos/as ni a los miles de madrileños que recibirán ayudas a la vivienda, ni a los jóvenes que recibirán ayudas para el alquiler, ni a los 300.000 estudiantes que recibirán becas a las que se dedica un 15% más que en 2008.

 

 

Lo que los madrileños seguimos sin ver por ningún lado es dónde están los 1.400 millones de euros adicionales que el Estado transfirió al gobierno de la Comunidad de Madrid para que lo invirtiera en la sanidad. De eso todavía no han dado explicaciones ni en la calle ni en ningún sitio.

 

 

Y es que en Madrid lo invisible no somos los ciudadanos, lo invisible son medidas que deberían tomar los gobiernos del PP para mejorar nuestra vida.

 

 

Así es que tengo muchas ganas de encontrarme a los chicos/as del PP en la calle para decirles que mienten. Mienten mucho. Pero respirar, respiramos.

Zapatero, el entusiasta

 

Asistí ayer al acto informativo sobre los primeros 100 días de la nueva legislatura del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y mis sensaciones no pueden ser más positivas después de escuchar al presidente. Por la noche, la lectura del libro en el que estoy ahora enfrascado, “Las mujeres escritoras también son peligrosas”, me ayudó a comprender mejor la razón de esas sensaciones positivas.

En ese libro, de muy recomendable lectura, se afirma que una de las ideas fuerza de Madame de Stael era la siguiente: “El fanático se cree en posesión de la verdad y excluye a los demás. El entusiasta, en cambio, percibe la atracción y la belleza contenidas en todas las cosas: ahí encuentra un resorte que lo capacita para los grandes logros”.

De forma que la casualidad me ha proporcionado una clave para entender lo que sucedió ayer. Zapatero es un político entusiasta. Un presidente entusiasmado por la tarea que tiene por delante. De ahí saca las fuerzas y ese es el manantial de su optimismo, de su enorme confianza en este país y en sus ciudadanos y ciudadanas. Donde otros ven problemas, él ve oportunidades, donde otros pretenden hacer un alto para regodearse en los problemas él ve un camino para salir de las dificultades.

Ayer habló de austeridad, de retos, de objetivos, de trabajo, de esfuerzo pero sobre todo habló de futuro. Y sobre todo habló del límite que este gobierno se ha autoimpuesto ante la tarea que hay por delante: no  dar un paso atrás en políticas sociales, no tolerar ataques a los derechos de los trabajadores, no admitir recortes en todo aquello que afecta a los sectores más vulnerables ante la actual situación económica.

Zapatero rindió cuentas y lo hizo de forma sencilla, con humildad, sin olvidarse que los destinatarios de sus palabras son, en primer lugar los ciudadanos y ciudadanas. Es posible que sea un lenguaje que no guste a los mercados o a los gurús de la economía. No tiene ese hermetismo tan del gusto de los amantes de la macroeconomía. Pero eso no resta valor a sus palabras ni a las medidas que se han tomado, digan lo que digan los autores de editoriales tan mezquinos como el que ayer pudimos leer en El País.

Y lo que sigue sorprendiéndome, cuatro años después de que lo eligiéramos presidente de nuestro gobierno, es que conserve intacta esa capacidad de hablar directamente a los ciudadanos y ciudadanas, esa convicción en que es posible mantener un hilo directo de interlocución con las personas, con las gentes que le apoyan, sin intermediarios, sin traductores, sin necesidad de que exista una casta de zapaterólogos que ocupen su tiempo en diseccionar y explicar a los demás sus intenciones.

En definitiva, Zapatero es un presidente entusiasta y eso es lo mejor que nos podía pasar en estos momentos. Y tengo la sensación de que su entusiasmo es contagioso. Yo, ayer, salí entusiasmado del teatro de la Casa de Campo.

Buscando soluciones a la crisis alimentaria

Mañana jueves se celebra un interesante encuentro sobre la crisis alimentaria. El PSOE ha reunido a los principales expertos internacionales sobre el tema. La cita es en el Círculo de Bellas Artes (c/ Marques de Casa Riera) el jueves, 26 de junio, a partir de las 12:00 horas. La lista de participantes incluye personalidades como el director general de la FAO, el director general de la Organización Mundial de Comercio o el Alto Comisionado de Ayuda al Refugiado de Naciones Unidas.

La clausura tendrá lugar a las 19:00 horas. El programa puedes consultarlo pinchando en la imagen adjunta.

¿Tú votar Zapatero?

Un día en un colegio electoral puede ser una jornada muy bien aprovechada. Las mesas electorales son un reflejo de nuestro país que te permite ver a la España airada, la España chulesca y de gesto amargo, la España de la bronca, la sotana y la toca, la España que ni sabe ganar ni sabe perder, la España camorrista que tiene miedo al futuro. En fin, la España en la que el marido se acerca a la urna con dos carnets: el suyo y el de su mujer y cuatro sobres de voto, los suyos y los de su mujer que observa la escena como si todo fuera natural y a ella le hubiera correspondido sólo el papel de acompañante necesaria para que su marido vote por ella.  

 Pero, sobre todo, te permite ver a la España confiada, la alegre y optimista España que te regala un guiño, una sonrisa  que no llega al abrazo para no herir a los adversarios políticos. La España considera y respetuosa, la España de todos y todas. El país de la paz y las ganas de vivir, la de los padres que explican a sus hijos cómo votar. La España de ese presidente de mesa que le devuelve el carnet de identidad a la mujer ignorando ostensiblemente el gesto del hombre que quiere recoger los dos: para devolverle con el carnet la dignidad, para hacerle saber que, ante las urnas, ella puede ser una ciudadana autónoma. Y quiero pensar que la sonrisa sorprendida de esa mujer al presidente de la mesa significa que ha entendido el mensaje en clave que la democracia le manda, que la próxima vez vendrá ella con su carnet y sus papeletas en la mano. Para votar libremente.

Y la jornada postelectoral puede ser radiante y regalarte momentos únicos, momentos que lo explican todo y son celebraciones de un triunfo sin alharacas. Como la breve conversación que mantuve esta mañana con un inmigrante subsahariano que salía de la taberna de Tirso de Molina en el momento que yo entraba a desayunar y que reparó en la Z que yo llevaba en la solapa: 

-         Tu votar Zapatero?

-         Si, a Zapatero con todas mis fuerzas

-         Gracias por votar Zapatero, amigo

-         Gracias ti por alegrame el día. 

Así que le di mi Z a esa persona que ya no tendrá que firmar un contrato de integración.  

Buenos días y buena suerte.

… y el peor Rajoy es el real

La única virtud del Rajoy del segundo debate electoral es que nos ha permitido ver con nitidez el verdadero ideario del grupo dirigente de la derecha española. Ésta tiene como principal problema su pendiente y siempre aplazada homologación con la derecha democrática europea. La derecha española tiene un sentido patrimonial del poder político. Considera que es suyo por derecho natural y cree a pies juntillas, como si formara parte de su código genético, que ésta es una verdad objetiva que sólo se ve alterada por paréntesis que responden a anomalías históricas.

Por eso ayer Rajoy no actuó como el dirigente de una derecha democrática sino como el registrador de una propiedad que considera suya por “sentido común”. Así las cosas, vimos a un Rajoy perplejo y enrabietado al ver como Zapatero se dirigía directamente a los auténticos propietarios del poder político en democracia: los ciudadanos y ciudadanas mientras él centraba todas sus fuerzas en acosar al “usurpador” que le ha robado su propiedad.

Su problema, señor Rajoy, no es Zapatero ni el Gobierno de España. Su problema es que no nos convence a los ciudadanos/as porque ni siquiera cree necesario hacerlo. Es un grave problema en democracia. Míreselo.

El mejor Rajoy no da la talla ….

Dos conclusiones sobre el debate de ayer entre Zapatero y Rajoy. 1) Rajoy estuvo considerablemente por encima de las expectativas que sobre él se tenían, sobre todo en lo que se refiere a las formas y la capacidad de condensar brevemente sus líneas de ataque. No obstante el mejor Rajoy de los últimos tiempos sigue a una distancia sideral de Zapatero, especialmente si de lo que se trata es de elegir al próximo presidente del gobierno.

Segunda conclusión: este Rajoy que no se amilana coincide con el Rajoy más duro y escorado hacia la derecha más pura y dura. Aquí entramos en el fondo del discurso y también en la idea que este señor tiene de ejercer el liderazgo y el poder político.  Es muy preocupante que Rajoy encuentre su mejor tono en el insulto, la descalificación personal y la asunción de posiciones muy alejadas de las que existen en los partidos de la derecha democrática en el resto de Europa. ¿Dónde ha quedado aquel Rajoy que nos intentaron vender en 2004: paladín de la moderación, muñidor de consensos e inagotable negociador experto en alcanzar acuerdos? Ni rastro del producto que nos intentaron colar en 2004. ¿Qué Rajoy es el verdadero: el de 2004 o el de 2008? 

Con todo, del debate me quedo con un dato para la preocupación. Hasta ahora, referirse al fenómeno migratorio como “avalancha” es algo que sólo había visto en los carteles de convocatoria de manifestaciones de la ultraderecha o en páginas web de este tipo de grupúsculos de nostálgicos de tiempos pasados. Ayer Rajoy dio carta de naturaleza a este término (“avalancha”) en el lenguaje político del PP. Es un elemento muy revelador de por donde van los tiros en el nuevo PP de Rajoy, Aguirre, Zaplana, Pizarro y Acebes. Y esta es una muy mala noticia para nuestra democracia y para la tarea que tenemos por delante a la hora de enfrentarnos a la construcción de una sociedad plural capaz de impulsar la convivencia en un mundo gradualmente más abierto y global. Por eso mismo creo que es de alabar el ejercicio de autocontención que demostró ayer Zapatero, evitando entrar en la espiral de crispación y radicalismo de Rajoy. Seguramente Zapatero estuvo por debajo de lo que muchos militantes socialistas hubiésemos deseado en lo que se refiere a la réplica ante los insultos, las mentiras y las calumnias lanzadas por Rajoy. Pero estuvo intachable, sobresaliente, en su papel de candidato a presidente de todos los españoles, intentando atraer a su adversario al terreno de la política y a la discusión sobre las medidas concretas que han ampliado las políticas sociales y mejorado la calidad de vida de los españoles y españolas, reclamando de Rajoy propuestas en estos temas. Rajoy no quiso o no pudo entrar en ese debate y prefirió contentar a los que le acusan de “maricomplejines”. 

Resumiendo: el mejor Rajoy (en las formas) no da la talla y Zapatero tiene la cabeza puesta en el futuro y en los ciudadanos y ciudadanas de este país. Bien por Zapatero.

Inicio de campaña con Zapatero

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El coraje cívico de Zapatero

Del discurso de Zapatero en Vistaalegre me quedo con el NO ME CALLO, verdadero elemento movilizador para una ciudadanía harta de cuatro años de insultos, de injurias, de deslealtades y de maquinaciones por parte de una derecha que pretende ahora que los ciudadanos premien con los votos su tenaz voluntad de convertir la vida pública en un estercolero en el que han pretendido que todos chapotearamos.

El NO ME CALLO de Zapatero frente a la intolerancia, el racismo, la homofobia, la mentira, la violencia de género y el cinismo político es todo un llamamiento a la rebelión democrática y cívica de los ciudadanos y ciudadanas de un país que quiere vivir sin crispación.

“Eres una buena persona” le gritó a Zapatero una de las asistentes desde la gradas de Vistaalegre. Efectivamente, es una buena persona. Por eso representa con tanta dignidad a un país lleno de buena gente.


YO SOY ANTINUCLEAR

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