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Want pero no can, el querer y no poder de Aguirre

Dispulpen el spanglish, pero en los últimos días me he visto asaltado por una abrumadora campaña de publicidad del gobierno de la Comunidad de Madrid para promocionar la supuesta extensión del bilingüismo en el sistema educativo de nuestra Comunidad.

No saben bien los creativos de la campaña hasta que punto han dado en el clavo porque efectivamente los madrileños queremos la extensión del bilingüismo en nuestros colegios e institutos. Pero poder, por el momento, sólo pueden hacerlo un 8% de los alumnos de Primaria y el próximo año un 1,5% de los estudiantes de Secundaria, según ha aclarado el secretario general del PSM, Tomás Gómez,  en el reciente coloquio ciudadano que celebró en el distrito centro.

A ese ritmo es fácil sacar las cuentas de cuántos años nos llevará la extensión del bilingüismo a todos los centros educativos.

Para mayor desvergüenza parece ser que la difusión masiva del querer y no poder de Aguirre y su gobierno, a través de la mencionada campaña publicitaria a todo trapo, se lleva un 20% (2 millones de euros) del presupuesto del proyecto. Por no hablar del mal uso del verbo to want en la campañita de marras…

Así estamos.

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¿Quieren que brindemos con champán por la desaparición del Polideportivo de La Cebada?

Llueve sobre mojado y lamento ser reiterativo pero el particular cuento de  la lechera en el que el Ayuntamiento de Madrid ha convertido el futuro del Mercado de La Cebada amenaza con no tener final feliz o no tener final, prolongando una situación que es desesperada para muchos comerciantes, para más de 100 personas que tienen su empleo en ese mercado, y muy preocupante para los vecinos del barrio y de todo un distrito que, tras el derribo del polideportivo de La Cebada, no cuenta con ninguna instalación de este tipo que atienda la demanda de una población de cerca de 150.000 personas.

Porque no parece haber luz al final del túnel en el que el gobierno del PP se ha metido con el proyecto de remodelación del mercado que debería ser una realidad antes de finalizar esta legislatura, tal y como anunciaron en 2008. Otra promesa incumplida, me temo. Claro que ahí está la crisis para justificarlo todo. Una crisis que, no obstante, le permite al Ayuntamiento invertir millones de euros en la remodelación del Palacio de Cibeles y, al tiempo, dejar morir al Mercado de La Cebada y eliminar el único Polideportivo del distrito Centro.

La concejala socialista Isabel Vilallonga se ha interesado por el futuro del mercado y la respuesta no ha podido ser más inquietante: la respuesta es que tenga confianza en la gestión de un gobierno municipal que lleva tres años dando largas al asunto.

Por si fuera poco La Razón da ideas y pone como modelo a seguir el Mercado de San Miguel que es un sitio muy fino al que se va a tomar cava y ostras mientras se decide qué capricho se da uno en alguno de los únicos y especializados puestos del supuesto mercado. Supuesto porque un mercado exige un mínimo de competencia y libre concurrencia para que el consumidor decida y no, como en este caso, la limitación de la oferta a una única carnicería, una única frutería o una única panadería… en fin la antítesis de un mercado y una fórmula más parecida a un monopolio como bien sabrán los liberales más estudiados.

Espero que la ocurrencia se quedará en las páginas del diario y no nos encontremos en breve con un nuevo centro de delicatessen en La Cebada, en el que los vecinos podamos brindar con champán por el derribo sin alternativas del único Polideportivo del distrito Centro de un Madrid con vocación olímpica. Sería un trago amargo, sin duda.

Por último, recordar nuevamente que existe un grupo de vecinos que han creado un grupo en facebook para ´reivindicar la construcción de un polideportivo en La Cebada.

Úteros de alquiler

Parece que el PP ha decidido iniciar una ofensiva contra el derecho de las mujeres a decidir sobre el cómo y el cuándo de su maternidad. La ofensiva conservadora intenta aprovechar el río revuelto del debate sobre la modificación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, que pretende que ésta se produzca con mayores garantías de seguridad jurídica y sanitaria para las mujeres y los profesionales de la Sanidad.

Al socaire de este debate el PP parece que se plantea autorizar la existencia de una guardia pretoriana en torno a cada mujer embarazada, en forma de “red de apoyo a la maternidad” cuyo único objetivo sería condicionar sus decisiones en base a información de más que dudosa objetividad, carente de rigor científico o profesional: información sesgada por prejuicios morales y religiosos. La misión de esta red, en la que quieren atrapar la libertad de las mujeres, sería proteger a toda costa al feto incluso por encima de los derechos de ese inevitable contenedor del embarazo al que parecen querer reducir a las mujeres.

La iniciativa apesta a beaterio y sitúa a las mujeres en un estadio de preciudadanía, necesitadas de consejo y asesoramiento ideológico para tomar decisiones sobre su propia vida y de tutela permanente por parte de una malla de organizaciones y asociaciones de probado fanatismo a la hora de tomar las riendas de su futuro.

Aún más grave, la iniciativa del PP parece que se acerca bastante a la creación de un sistema de alquiler de vientres gestantes en el que el arrendatario sería la administración pública, que pagaría con dinero público en forma de ayudas de todo tipo en dinero contante y sonante. Por si la oferta no es suficientemente atractiva, los presupuestos contemplarían un capítulo destinado a financiar una red de organizaciones dispuestas a “convencer” a las posibles madres de las ventajas de alquilar su útero

Se me ocurren mil fórmulas para apoyar la maternidad/maternidad sin tener que recurrir a consolidar el negocio de una trama de organizaciones fundamentalistas. Y, sobre todo, sin tener que encapsular a las mujeres en dentro de una visión unidimensional de madres potenciales.

La inefable Aguirre acaba de declarar que “el aborto no es un derecho, es un fracaso”. En realidad el reconocimiento del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, su futuro y su maternidad es un éxito de toda la sociedad, un éxito en la lucha por la igualdad y la dignidad de los seres humanos entendidos como sujetos de derechos inalienables. Y la nueva ley es un avance en ese camino.

Me aburre tremendamente esta obsesión de los conservadores por convertir en delito y en reprobable socialmente todo aquello que sus respectivos dogmas consideran pecado. ¿Hasta cuando abusarán de nuestra paciencia? ¿No les basta con imaginarse nuestro terrible castigo como pecadores y las tremendas penas a las que seremos sometidos en la otra vida?

Me parece justo que a cuenta del espectáculo eterno que tienen asegurado a nuestra costa nos dejen vivir en paz en esta vida terrena que tanto desdeñan y que nosotros vivimos con la certeza de que es única. A ver si dejan de joderla con sus obsesiones patológicas.

Rajoy y la cruda realidad

Una pena. Ninguna sorpresa deparó ayer el discurso de Rajoy: algún insulto, alguna falta de respeto, algún proyecto inquietante de reforma que se esfuerza más en esconder que en mostrar, ninguna idea nueva, contadísimas concesiones al diálogo y muchos, muchísimos anuncios sobre la inminente llegada del anticristo que acabará con España.

Lo que no me deja de sorprender es esa persistente perplejidad de Rajoy, esa real o fingida incapacidad de comprender por qué él está en la oposición mientras gobiernan una panda de iletrados e ignorantes que se han apropiado de lo que sólo le pertenece a él, genuino representante de los señores del poder político y económico.

Una pena. Otra ocasión perdida. Ahora tendrá que volver a la cruda realidad de lidiar diariamente desde Génova la avalancha de presunciones de inocencia que tiene que avalar para llegar vivo políticamente a la siguiente oportunidad de confrontar su proyecto de futuro con el presidente Zapatero. Me temo que su percepción del estado del PP es tan desenfocada e irreal como la del estado de la nación.

Ni elecciones generales ni primarias en el PP, el 7 de junio decidimos el futuro de Europa

7dejunioQue el proyecto de integración europea no pasa por sus mejores momentos es una realidad tan obvia como que no existe alternativa posible a la necesidad de construir más Europa. La disyuntiva real es, en estos momentos, si Europa se construye al margen de sus ciudadanos o si éstos serán el motor fundamental del proyecto europeo, dándole una dimensión cultural, social y política que desborde los proyectos de limitar la UE a una unión económica amable para los capitales y los poderes económicos y lejana para la mayoría de los ciudadanos/as europeos.

La Unión Europea acumula los suficientes años de historia como para poder sacar conclusiones claras sobre quién defiende qué. Y parece evidente que han sido las fuerzas progresistas las que más decididamente han tirado del carro de un modelo de desarrollo basado en la prosperidad económica, la profundización en un modelo de bienestar y cohesión social y la ampliación de derechos y libertades en una Europa garante de la paz, la libertad y la justicia.

Las próximas elecciones europeas son trascendentales porque seguramente nos jugamos el futuro de la Unión Europea como proyecto común en un momento histórico en el que es posible fraguar alianzas de progreso con otros actores internacionales de forma que, entre todos, seamos capaces de inaugurar una nueva etapa para el mundo, gobernando la globalización desde criterios de justicia y equidad.

Por eso es importante que en las próximas semanas el debate se centre en Europa y seamos capaces como sociedad de entender qué es lo que decidimos el próximo 7 de junio.

Es importante porque el barullo que tienen montado en el Partido Popular amenaza con eclipsar aspectos decisivos en el debate político, con un Rajoy empeñado en convertir la cita electoral en un ajuste de cuentas con Zapatero y un Mayor Oreja-Aznar decididos a convertir la cita electoral en un ajuste de cuentas con Rajoy en la disputa del liderazgo de la derecha. Demasiado ruido para unas elecciones tan importantes a nivel europeo.

Pese a que echarán el resto para convencernos de lo contrario, es importante saber que el 7 de junio no se celebran elecciones generales ni primarias en el PP. Nos jugamos, ni más ni menos, el futuro de Europa, que no es poco.

El 7 de junio el PP quiere una patente de corso

 

Preclaros dirigentes del PP, encabezados por el que encabeza de su candidatura a las próximas elecciones europeas, Mayor Oreja, proclaman ufanos que el caso Gürtel y, en general, las turbias tramas de corrupción que crecen como hongos en las inmediaciones del PP no afectan a sus expectativas electorales.

 

Conozco muchas personas progresistas que comparten el análisis con una mezcla de resignación y paciencia, asumiendo que la derecha española está blindada frente a la corrupción debido a las amplias tragaderas de su electorado más afín.

 

No es, sin embargo, una cuestión de perspectivas electorales. Lamentablemente el desdén y autosuficiencia con las que el PP se enfrenta a estos casos es algo más grave porque afecta de lleno a la propia esencia de nuestro sistema de convivencia que se basa, entre otras cosas, en la confianza de que existen una serie de controles explícitos e implícitos que evitan que los comportamientos corruptos hagan nido en las formaciones políticas sin que éstas sufran un castigo o una reprobación social.

 

Por eso no debemos cansarnos de denunciar este tipo de actitudes y comportamientos, ni resignarnos a que formen parte de nuestro paisaje político.

 

No podemos resignarnos a que una panda de rufianes, una trama de buscavidas, un reducido elenco de políticos repartidores de dádivas se paseen por las páginas de nuestros periódicos proyectando, a base de mucha caradura, la falsa imagen de impunidad y chulería que proporcionan unos trajes sisados y unos choriceos enmascarados con buena gomina y otros regalos y detalles tan brillantes exteriormente como opacos para la contabilidad pública.

 

Los ciudadanos no podemos resignarnos a que personajes como el bigotes, el rata, el cabrón o el albondiguilla formen parte de nuestro ecosistema político porque ensucian nuestra vida pública y son un insulto a nuestra ciudadanía y nuestra democracia.

 

Es verdad, la cosa no es de ahora. Recientemente hemos visto al jefe de la banda presumir de su gestión económica. Todos recordamos una de sus recetas milagrosas: entregar a la rapiña y depredación de sus amigos empresas públicas que formaban parte del patrimonio de todos con privatizaciones de beneficios más que abultados para los señores de los negocios y bastante menos evidentes para el conjunto de la sociedad.

 

Siguen haciéndolo allí donde pueden. En Madrid, la abeja reina Aguirre pretende entregar empresas tan rentables como el Canal de Isabel II a los zánganos buscavidas que revolotean las colmenas del PP cuando están instaladas en los gobiernos autonómicos.

 

Es este afán de rapiña, esta actitud ruín y depredadora, la que forma parte del comportamiento histórico de nuestra derecha, a diferencia del comportamiento de sus conmilitones en otros países de Europa. Y esta actitud es la que marca sus objetivos, desde el choriceo de trajes a la venta de empresas públicas, en una estrategia que tiene como único objetivo el vivir parasitando la riqueza que genera el conjunto de la sociedad.

 

No, todo esto no puede quedar impune. Hay que lanzar un poderoso mensaje ciudadano de intransigencia ante este tipo de comportamientos. Hay que alzar la voz y no cansarnos de ello. Y dar nuestro veredicto con los votos ante quienes consienten que se den estos espectáculos en su propio partido sin hacer nada y ante quienes se ufanan de ser invulnerables en sus resultados electorales.

 

Por eso es importante que el 7 de junio nadie en el PP pueda interpretar los resultados electorales como una patente de corso que los ciudadanos les dan para proseguir con sus andanzas piratas sobre el patrimonio de todos.

El PP miente (mucho) pero respirar, respiramos

 

El Partido Popular de Madrid ha dado la consigna a sus cargos y militantes de salir a la calle para explicarnos a los ciudadanos por qué el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero asfixia a los madrileños. Espero encontrármelos pronto (aunque lo cierto es que nunca los he visto por Lavapiés) para comentarles que el único problema respiratorio que tengo tiene como causa los niveles de contaminación que sufre Madrid ante la indiferencia de los responsables municipales.

 

 

Más allá de la metáfora me interesa que me aclaren cómo puede hablarse de asfixia cuando la media de inversión pública de los gobiernos de Zapatero (2004-2009) en Madrid se sitúa en los 2.500 millones de euros por año frente a los 2.300 millones de euros de media de los gobiernos del PP entre 1996 y 2004.

 

 

¿Qué tipo de discriminación puede deducirse de unos presupuestos generales que contemplan aumentos del 14% en inversión en las carreteras madrileñas, un 49,8% en ferrocarriles, un 27,9% más en ciencia e investigación y un 25% más en Cultura? Es cierto que otras partidas bajan (aeropuertos fundamentalmente) pero el resultado final nos deja en la media del resto de las Comunidades Autónomas.

 

 

Por otra parte, parece que las Nuevas Generaciones han lanzado una curiosa campaña sobre la supuesta “invisibilidad” de los madrileños a los ojos de Zapatero. Supongo que no se referirán a los más de 400.000 trabajadores de las administraciones públicas a los que no se les congelará el salario (esa receta anticrisis a la que tan rápido recurría el PP), ni a los más de 200.000 perceptores de pensiones mínimas que verán aumentar sus pensiones por encima del IPC, ni a las personas dependientes que recibirán 98 millones de euros si el gobierno de Aguirre deja de bloquear la aplicación de la Ley de Dependencia. No se referirán tampoco a las casi 60.000 familias que recibirán ayudas de 2.500 euros por el nacimiento o adopción de sus hijos/as ni a los miles de madrileños que recibirán ayudas a la vivienda, ni a los jóvenes que recibirán ayudas para el alquiler, ni a los 300.000 estudiantes que recibirán becas a las que se dedica un 15% más que en 2008.

 

 

Lo que los madrileños seguimos sin ver por ningún lado es dónde están los 1.400 millones de euros adicionales que el Estado transfirió al gobierno de la Comunidad de Madrid para que lo invirtiera en la sanidad. De eso todavía no han dado explicaciones ni en la calle ni en ningún sitio.

 

 

Y es que en Madrid lo invisible no somos los ciudadanos, lo invisible son medidas que deberían tomar los gobiernos del PP para mejorar nuestra vida.

 

 

Así es que tengo muchas ganas de encontrarme a los chicos/as del PP en la calle para decirles que mienten. Mienten mucho. Pero respirar, respiramos.


YO SOY ANTINUCLEAR

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